La Nación Cómo calmar la angustia “existencIAl”
21/02/2026
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Entre el asombro y la angustia, la inteligencia artificial no solo transforma procesos: altera identidades, expande tareas y desdibuja límites
Si tuviera que elegir un solo tema para escribir durante todo el 2026 sería este. Porque me convoca, porque me angustia y me fascina por partes iguales. Porque en mis grupos de amigos y colegas es un tema recurrente que se percibe urgente. Porque muchísimos ejecutivos con los que trabajo están vislumbrando algo que aún no saben nombrar, pero saben que está ahí, molestando. ¿Es acaso un tipo de angustia existencial impulsada por la aceleración del cambio en la que nos metió el derrame obsceno de la IA en todo y en todos? Dos palabras: vorágine y sentido.El año de la destrucción creativaLa semana pasada, las investigadoras de Berkeley Aruna Ranganathan y Xingqi Maggie Ye, publicaron en el Harvard Business Review, el ensayo La IA no reduce el trabajo, lo intensifica. Señalan tres puntos. Uno, la expansión de tareas. Como la IA puede completar vacíos de conocimiento, los trabajadores comenzaron a asumir responsabilidades que antes pertenecían a otros. Dos, Límites difusos entre el trabajo y el no trabajo. Como la IA hizo que comenzar una tarea fuera tan fácil, redujo la fricción de enfrentarse a una página en blanco o a un punto de partida desconocido, los trabajadores empezaron a incorporar pequeñas cantidades de trabajo en momentos que antes eran pausas. Y finalmente, más multitasking. La IA introdujo un nuevo ritmo en el que se gestionan varios hilos activos a la vez: escribir mientras la IA genera una versión alternativa, ejecutar múltiples agentes en paralelo o retomar tareas postergadas durante mucho tiempo porque la IA puede “ocuparse de ellas” en segundo plano. También esta semana, llegué a través de Ethan Mollick, profesor asociado de Wharton School, autor del libro Co Inteligencia, viviendo y trabajando con la IA (2024), a un comentario que escribió Aditya Agarwal , es ex CTO (Jefe de tecnología) de Dropbox y Jefe de producto en Facebook en Linkedin. Lo copio a continuación, porque sintetiza el sentimiento que percibo colectivo: “Es un momento extraño. Estoy lleno de asombro y también de una profunda tristeza. Pasé mucho tiempo el fin de semana escribiendo código con Claude. Y quedó muy claro que nunca volveremos a escribir código a mano. No tiene ningún sentido hacerlo. Algo en lo que yo era muy bueno ahora es gratuito y abundante. Estoy feliz, pero desorientado. Al mismo tiempo, algo que pasé los primeros años de mi carrera construyendo (redes sociales) está ahora siendo creado por agentes de IA. Todo es un poco absurdo, pero si tomás distancia, es casi indistinguible de los humanos. Tanto la forma como la función de los inicios de mi carrera ahora son producidas por la IA. Estoy feliz, pero también triste y confundido”. Terminé de leerlo y suspiré. Dos temas que me interesan en este momento. Uno, tener presente a diario la delegación cognitiva (o no) que decidimos hacer en la IA. Segundo, lo fundamental de hablar y compartir lo que nos pasa con estos temas en nuestros ámbitos de trabajo, en las aulas, con la familia. No alcanza con aprender modelos si no asumimos el agobio o miedo que nos generan. Para sabernos acompañados, pero sobre todo para diseñar nosotros, los humanos, el futuro tecnológico en el que queremos vivir.Sonido recomendado para leer esta columna: How soon is now, The Smiths.
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